Diciembre
Tarde de viernes con tormenta.
Y es un placer casi pecaminoso
el entender que el cielo se cae,
se queja,
se conmueve,
se cierra y desgarra,
y yo aquí,
la luz de las cuatro de la tarde
como si fueran las ocho.
Yo, ínfima partícula en la ciudad,
y al nivel del mar.
Y sin embargo henchida y embellecida de todo,
de todos,
de mí.
Mi vida es diferente de un mes a hoy.
Todo ha crecido,
cambiado,
dado un vuelco.
Mis ojos miran con otro candor
a la gente,
los espacios,
hasta a mis propias manos,
blancas, siempre blancas,
como un cadáver
de tiempo y fe.
Te amo,
pero hasta éso cambió en su aroma.
Porque ahora estoy en paz.
Ya no lloro
cuando muere el día,
porque he comprendido mi valor,
mi fortaleza, mi importancia,
mi arrogancia se potencia
pero ahora es sangre, vida y pasión
que es sólo entregada con ésa madurez que da el alto al fuego
de la propia paz interior.
Te amé desde que te ví.
Te querré hasta que me pierda en el tiempo
y ya nadie se acuerde de mí,
y los hijos de mis nietos miren mis fotos,
y se disfracen de mujer de otras décadas
con mis ropas.
Y no sepan nada de mí.
Hasta el día en que me entierren
con otro apellido,
el que sea que esté en los planes
de algún dios,
como una mancha de dos letras que implique pertenencia
entremedio.
Hasta ése día, incluso, te querré,
vida mía,
de un modo que tal vez
nunca llegarías a comprender
en ésta vida ni en el año nuevo.
Pero nunca te lo he dicho aún.
No, nunca te lo digo
con éstas textuales
y pasionales palabras ,
cuando te veo, te escribo, te hablo.
Es porque te temo a vos
y a tu cara de susto.
Y también, porque sé,
que las palabras a veces sobran
y sólo meten ruido
en los oídos de aquello que ya se ha comprendido.
Y lo pienso,
y quiero llorar de bronca
al menos dos o tres días a la semana.
Se lamenta un violín a mi lado.
Y entonces vuelvo a nacer en mí,
y me busco en otro cariño,
hasta que, un día, me encuentre allí.
Y así tu presencia distante
será sólo eso,
(y no más vértigos ni maripositas, ya no más).
Me gustaría saber si alguna vez
has temido que éso pasara.
Llevo mi amor por tus pasos
como flores perfumadas en el pelo y en el pecho,
en vez de llevarlo
en los ojos como agua.
No recuerdo haber sido más feliz,
ni tampoco haberme amado tanto.
Y es un placer casi pecaminoso
el entender que el cielo se cae,
se queja,
se conmueve,
se cierra y desgarra,
y yo aquí,
la luz de las cuatro de la tarde
como si fueran las ocho.
Yo, ínfima partícula en la ciudad,
y al nivel del mar.
Y sin embargo henchida y embellecida de todo,
de todos,
de mí.
Mi vida es diferente de un mes a hoy.
Todo ha crecido,
cambiado,
dado un vuelco.
Mis ojos miran con otro candor
a la gente,
los espacios,
hasta a mis propias manos,
blancas, siempre blancas,
como un cadáver
de tiempo y fe.
Te amo,
pero hasta éso cambió en su aroma.
Porque ahora estoy en paz.
Ya no lloro
cuando muere el día,
porque he comprendido mi valor,
mi fortaleza, mi importancia,
mi arrogancia se potencia
pero ahora es sangre, vida y pasión
que es sólo entregada con ésa madurez que da el alto al fuego
de la propia paz interior.
Te amé desde que te ví.
Te querré hasta que me pierda en el tiempo
y ya nadie se acuerde de mí,
y los hijos de mis nietos miren mis fotos,
y se disfracen de mujer de otras décadas
con mis ropas.
Y no sepan nada de mí.
Hasta el día en que me entierren
con otro apellido,
el que sea que esté en los planes
de algún dios,
como una mancha de dos letras que implique pertenencia
entremedio.
Hasta ése día, incluso, te querré,
vida mía,
de un modo que tal vez
nunca llegarías a comprender
en ésta vida ni en el año nuevo.
Pero nunca te lo he dicho aún.
No, nunca te lo digo
con éstas textuales
y pasionales palabras ,
cuando te veo, te escribo, te hablo.
Es porque te temo a vos
y a tu cara de susto.
Y también, porque sé,
que las palabras a veces sobran
y sólo meten ruido
en los oídos de aquello que ya se ha comprendido.
Y lo pienso,
y quiero llorar de bronca
al menos dos o tres días a la semana.
Se lamenta un violín a mi lado.
Y entonces vuelvo a nacer en mí,
y me busco en otro cariño,
hasta que, un día, me encuentre allí.
Y así tu presencia distante
será sólo eso,
(y no más vértigos ni maripositas, ya no más).
Me gustaría saber si alguna vez
has temido que éso pasara.
Llevo mi amor por tus pasos
como flores perfumadas en el pelo y en el pecho,
en vez de llevarlo
en los ojos como agua.
No recuerdo haber sido más feliz,
ni tampoco haberme amado tanto.

2 Comments:
At 8:09 a. m.,
Anónimo said…
Luz, buscaba hoy una experiencia agradable del
blog en descargar música y encontré su Web site. el this post
no era exactamente lo que buscaba pero consiguió mi
atención e interés. Veo porqué llegué en su Web site
excelente cuando buscaba para la información
relacionada descargar música y estoy alegre yo aunque su no
un exacto cupe. Muchas gracias!
At 4:09 p. m.,
Anónimo said…
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consiguió mi atención e interés. Veo porqué llegué en
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